EL ALQUIMISTA IMPACIENTE

LA NOVELA

“El alquimista impaciente” es la historia de la investigación de la muerte de Trinidad Soler, un empleado de una central nuclear cercana a Madrid que aparece cadáver, maniatado en la cama de un hotel. El caso es encomendado a una pareja de Guardias Civiles (al sargento Rubén Bevilacqua y la guardia Virginia Chamorro) del grupo de homicidios de la unidad central de Madrid.

A lo largo de los 20 capítulos que forman la novela, Silva nos da buena cuenta de la particular relación entre Bevilacqua y Chamorro. Él es un psicólogo frustrado que accede al “cuerpo” para huir del paro. Ella cuenta 25 años aún marcados por un cierto idealismo constantemente autoreprimido para ser respetada por sus compañeros varones.

Trinidad Soler, el cadáver con el que se inicia la novela llevaba una doble vida. Por una parte trabajaba en la central nuclear, por otra era colaborador de León Zaldívar, un magnate de la construcción. De esta segunda actividad laboral que, no se sabe bien bien por qué escondía a las personas de su entorno incluyendo su mujer, obtenía enormes beneficios económicos.

Bevilacqua y Chamorro se topan de entrada con el cadáver del primer Trinidad Soler y, poco a poco, van profundizando en (por llamarlo de algún modo) la segunda vida de Trinidad, una segunda vida que les introduce en una sociedad de alto standing, despiadada y deshumanizada, en una sociedad con otro código de valores, con otras referencias, con otros objetivos.

Segú explica el propio autor, con “El alquimista impaciente” pretendía “un digno relato policial, que no es tan fácil como algunos parecen querer dar a entender, y como siempre, una historia que estimulara al lector”.

No voy a ser yo quien discuta si la novela es o no un “digno relato policial” ni tampoco si la enrevesada madeja que se desenreda en la novela pueda o no ser real (¡sabemos de tantos casos en los que la realidad supera a la ficción!), lo que sí me atrevo a discutir es el modo en que la policía, la Guardia Civil en este caso, lleva adelante la investigación y que en mi opinión vacía la novela de credibilidad. Es cierto que la literatura española no dispone de una enorme tradición de literatura negra. También es cierto que apenas existen en nuestra tradición mujeres policías. Sin embargo la falta de antecedentes no exime a “El alquimista impaciente” de una artificiosa relación sargento-hombre / guardia-mujer que chirria por todas partes.

Me ha llamado la atención que lectores de otros medios hayan alabado esta inusual pareja. Durante páginas y páginas de “El alquimista impaciente” el lector tiene la sensación de estar ante un publi-reportaje publicitario de la Guardia Civil, ante un intento de “humanizar” una estructura militar con una reputación inrrecuperable.

Un psicólogo frustado y una mujer que constantemente reprime su femeneidad me parecen dos perfiles posibles en la Guardia Civil sin embargo sus diálogos son excesivamente literarios, reflexivos, limpios, respectuosos, políticamente correctos (independientemente de que las opiniones que expresan lo sean o no, que es harina de otro costal)…

El resto de los personajes, sin embargo, quedan mejor dibujados, más realistas, más cercanos, más posibles, más naturales, más sueltos, más coherentes, más imaginables… Por lo que refiere a la estructura y desconociendo la arquitectura narrativa de la novela negra, sí puedo anotar que el desarrollo de la novela es paulatino, sin brusquedades, la información necesaria para la comprensión del caso está correctamente dosificada y la solución al caso no se desvela hasta prácticamente el penúltimo o antepenúltmo capítulo. Sin embargo “El alquimista impaciente” carece del magnetismo de otros textos del género, no arrastra, no engancha, no absorve.
Algo le falta a esta novela para brillar. Es un texto mate, aburrido a pesar de la lógica curiosidad que el lector siente por conocer el desenlace y que le anima a continuar leyendo.

Una novela de las que se leen pero no se recomiendan porque no sabría uno en base a qué recomendarlas.

Es cierto, tiene el Premio Nadal del año 2000 y eso no es poco. Pero claro, el Nadal, aunque sin duda es un premio contrastado, también tiene fallos memorables, basta recordar por ejemplo que en el 98 se lo llevó (ay!) Lucia Etxebarria

LA PELÍCULA

El caso es que inmediatamente después de leer la novela sentía una curiosidad enorme por ver la película. Cuando uno acude al cine a ver la adaptación cinematográfica de un libro que acaba de leer, el ejercicio comparativo se vuelve absolutamente inevitable.

Tenía la esperanza de que Patricia Ferreira, la directora de la versión fílmica, se apartara lo suficiente del texto como para solucionar el mate de la novela y aportar algo de luz al asunto, pero desafortunadamente se trata de uno de los pocos casos en los que el director (directora) abraza el texto casi literalmente, llevando a la pantalla los mismos errores o defectos del texto escrito.

Es cierto que Ferreira introduce una diagonal en la película que acompaña al espectador desde el principio aportando algunas pistas para situar los personajes (no para resolver el caso). Esta diagonal, una serie de secuencias en las que Bevilacqua conversa con Dávila (uno de los responsables de la central nuclear) tampoco acaba de iluminar el cuadro e incluso en algún momento aparecen como inoportunas o hasta casi como interrumpiendo la película…

Por lo demás, la película se mantiene bastante fiel a la novela y, como en la novela, lo mejor (y siempre sin exagerar) son algunos, que no todos, personajes secundarios. Y digo no todos porque de ningún modo cabría destacar la intervención de Josep Linuesa que más bien es “poco afortunada”. La pareja Bevilacqua-Chamorro chirria igual en la pantalla que en el texto con el agravamen que en la pantalla desentona más. Los diálogos excesivamente literarios, en algunos casos alucinantes hasta el surrealismo son poco creíbles, resultan forzados, tiesos, poco naturales… y lo son hata el punto de desviar la atención del espectador hacia la interpretación de los actores.

Uno no sabe demasiado de interpretación pero la impresión que deja “El Alquimista Impaciente” es que los actores no actúan lo suficiente. En algunas escenas uno sospecha que los actores sean (con todos los respetos) amateurs o que no han dispuesto de medios suficientes para el rodaje…

En esta línea, para mi gusto algo desviada de la que debería estar siguiendo, no puedo dejar de observar que las imágenes son como poco raras. No llego a saber si es un problema de iluminación, de montaje, de postproducción, de puntos de mira de la cámara o de qué, pero sí llego a ver que algunas imágenes se asemejan a las de esos cortometrajes de aficionados en los que casi se acaba de oir el “Acción” del director… Como si no hubiesen podido hacer demasiadas tomas y hubiesen tenido que quedarse con la mejor a pesar de no ser la ideal. Este defecto que no acabo de saber explicar es más notorio en los exteriores que en los interiores aunque también en los espacios cerrados la cámara abarca encuadres forzados, como si no tuviera espacio para moverse y mejorar la perspectiva.

En definitiva, uno tiene la impresión de haber visto un capítulo de una teleserie un domingo por la tarde. ¿Recomendarla? Jamás.

Ramiro Tomé
info (arroba) arquera.com

Fuente: Formtocine.com

Más información

Pàgina web de Lorenzo Silva
http://www.lorenzo-silva.com/

Pàgina web de la película
http://www.continental-producciones.es/es/proyectos/alquimista.html#

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