LOLITA: DE NABOKOV A KUBRICK

Lolita, lolita, lolita…

Yo tengo una de las ediciones más extendidas, la de Anagrama: tapas rosas emulando desvergonzadamente la famosa colección “La Sonrisa Vertical” de Tusquets. Barcelona 1991.

Atiendo a la fecha de edición del original: París 1955. ¿París?.

Busco el índice. Lo encuentro al final. En el índice aparecen 4 partes:

Prólogo
Primera Parte
Segunda Parte
Sobre un libro llamado Lolita

Genial. El prólogo en lugar de ser una de esas aburridas y larguísimas introducciones sólo tiene tres páginas… lo bueno si breve… Venga, vamos con el prólogo… ¿Quien lo firma?… aha, un tal John Ray JR, Doctor en Filosofía.

mmm retrocedo unas páginas y recupero la ficha. No aparece por ninguna parte el copyrigth de Ray… Bien Nabokov, bravo por el incipit.
-¿Cómo comenzará Kubrick?-

Acudo a la última página… (sólo por una extraña curiosidad, jamás leo los finales de los libros). Aparece a modo de firma el nombre de Nabokov y una fecha, noviembre de 1956. ¿1956? De nuevo retrocedo a la ficha… primera edición París 1955… Bravo Vladimir.

Vayamos con la historia.

Primera parte, primeras líneas…

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. lo.li.Ta.”

(Genial: ¿Son imaginaciones mías o todo el mundo en un personalísimo primer plano ha pronunciado len-ta-men-te y en silencio el nombre de la nínfula?)

Bien. Unas líneas más abajo, una voz se dirige a un jurado:
“Señoras y señores del jurado, la prueba número uno…”

Inmediatamente después esa misma voz comienza a desgranar su biografía comenzando por la fecha de su nacimiento (París 1910) y un breve repaso a los que fueron sus padres.

A partir de aquí tanto la primera como la segunda parte son un dictado en primera persona del singular destinado a intentar hacer comprender al jurado las circunstancias de los hechos de los que, presumiblemente, se le acusa.

El narrador es, por supuesto, el profesor Humbert Humbert acusado de matar a Clare Quilty en venganza por haberle robado (sic) a su doceañera amante Lolita.

La narración no es, en absoluto, ni objetiva, ni nucho menos ingenua. Consciente de la gravedad social de los hechos, Humbert se dirige regularmente al lector en busca de su comprensión “EL lector que ya me conoce…”, “Quiero que mis lectores participen de la escena que he de evocar…”, “pero supongo que me dirijo a lectores imparciales”…

Por supuesto, cada lector (incluídos nosotros) se ha de convertir en un miembro más de ese jurado universal que desde 1955 juzga una y otra vez a Humbert Humbert.

Es indiscutible que todo lector de toda época que se enfrente a Lolita está llamado a juzgar a Humbert. La turbia historia no da para menos, pederastia e incesto son palabras mayores en 1955 y ¿alguien lo quiere negar? en nuestros días.

Vale la pena atender, una vez más, a la ficha del libro.. Olympia Press, París 1955.

Dos detalles al respecto, el primero París. Si hacía 15 años que Nabokov “era” estadounidense y toda su obra anterior en inglés había sido publicada en su país de adopción, ¿Por qué publicar en París?
Probablemente la respuesta es de sobras conocida, porque en los puritanos Estados Unidos (“in God we trust”) no hubo editor capaz de publicar, en aquel momento, Lolita.

El segundo la editorial. Olympia Press era conocida por publicar libros de carácter erótico-pornográfico, es decir, Lolita quedaba sellada desde aquella excepcional primera edición, como libro pornográfico por no decir maldito.

No puedo dejar de comentar que Lolita no es una novela erótica (mucho menos pornográfica) y no lo es se mire como se mire, ni explícitamente muestra en un sólo momento un centímetro cuadrado de piel “no pública” de la joven, ni implícitamente respeta una sola de las premisas de género de la novela erótica.

Es curioso por no decir paradójico comprobar que si Lolita tiene el enorme número de lectores que tiene es precisamente por ese halo de libro maldito que en realidad no le hace demasiada justicia.

Y es que si Lolita es una gran, gran novela no es por la oscura historia de un Humbert atormentado y una nínfula bella e insufrible. Lo que le da calado a la novela es esa casi hitchcockiana voz narradora, atormentada, sufriente, desquiciadamente humana. Descripciones pormenorizadas de procesos psicológicos transparentes que cualquier lector, por mínimamente sincero que sea consigo mismo, podría reconocer en su interior.

No sólo ese psicologismo dostoiewskiano (y aquí me va genial que Nabokov sea ruso!) sino la transcripción de ese psicologismo detallista al lenguaje por excelencia de los americanos: el lenguaje fácilmente visualizable como si fuese una película.

No puedo resistirme a reproducir algunos magníficos fragmentos…

“Después, la propia dama fue bajando los escalones en este orden: sandalias, pantalones pardos, blusa de seda amarilla, cara cuadrada. Con el índice sacudiendo el cigarrillo”

“…cuando evoco esos días, los veo nítidamente divididos en una amplia zona de luz y una estrecha banda de sombra…”

“ASi cierro los ojos, no veo sino una fracción de Lo inmovilizada, una imagen cin

ematográfica, un encanto súbito, recóndito” “…la película quizá la dulcifique”

Enorme.

Lolita además es un retrato de la América de los moteles, un reflejo de la sociedad americana de la época…

Afirmaciones de este tipo son poco menos que obligatorias en cualquier novela que se precie. Ahora bien, es cierto (por supuesto) que Lolita es un reflejo de aquella sociedad americana pero si hago mención de ello no es por lo importante que me parezca en la novela sino por lo importante que le pareció a Kubrick y el genial, irónico y yo diría que mordazísimo retrato que hizo al respecto mediante Charlotte Haze (la madre de Lolita) y especialemnte mediante los Farlow y compañía.

Uno no pude dejar de comentar la curiosa coincidencia de que a partir de Lolita Kubrick se instaló definitivamente en Inglaterra y que los ingresos que la obra le proporcionó a Nabokov le permitieron exiliarse de aquellos ajados Estados Unidos y regresar a Europa.

Finalmente al respecto del libro cabe recordar ese prólogo y ese fantástico epílogo con el que Nabokov enfoca Lolita, desenfoca el puritanismo americano y ensalza la literatura:

“…Para mí, una obra de ficción sólo existe en la medida en que me proporciona lo que llamaré lisa y llanamente PLACER ESTÉTICO, es decir, la sensación de que es algo, en algún lugar, relacionado con otros estados de ser en que el arte (curiosidad, ternura, bondad, Éxtasis) es la norma. Todo lo demás es HOJARASCA TEMÁTICA o lo que algunos llaman la Literatura de Ideas…”

Quien aun albergue la más mínima duda sobre el calado literario de Lolita será suficiente con que lea este magnífico epílogo “Sobre un libro llamado ” escrito en el 55 y firmado en el 56.

PEro veamos también algunos detalles de la película ya que a día de hoy es inevitable relacionar directamente Nabokov y Kubrick. Es cierto que existe una segunda versión cinematográfica de Lolita, la de Adrian Lyne en 1997 pero ya cabe enmarcarla en otro registro, en otra época, en otra sociedad.

Lolita de Nabokov fue publicada en París en el 55, en el 58 en Estados Unidos. (En el 59 aparece la primera versión en castellano en Argentina. Lolita de Kubrik se estrenó en el 62.

El guión de la película fue escrito por el propio Nabokov. No deja de llamar la atención que Nabokov tradujera la novela a guión entregándole a Kubrik material para rodar 7 u 8 horas. Y llama la atención porque a priori, leyendo la novela, a uno le da la impresión que Nabokov domina perfectamente el tema y que casi tiene previsto rodar una película a partir de la novela.

Por supuesto ese material volvió a ser reelaborado y algunos años más tarde Nabokov explicaba hasta dónde era obra suya y a partir de donde obra de Kubrick.

Kubrick entendió enseguida que lo que realmente pesaba en la novela no era la historia en sí (sin desdeñarla lo más mínimo, claro) sino el humanismo feroz negado socialmente del profesor Humbert Humbert…

“UN naufragio. Un atolón y, en soledad, la temblorosa hija de un pasajero ahogado.” (Impresionante)

Por otra parte era evidente que, como ya había conseguido Nabokov, había que sugerir los detalles digamos más íntimos del drama con el máximo tacto y discreción posibles ya que además, Kubrik se las veia con la Legión Católica Americana dispuesta a censurar el más mínimo centímetro de piel.

La primera desafortunada pero necesaria decisión fue aumentar la edad de Lolita. Ya no es una doceañera sino una adolescente. Los matices, se mire como se mire, cambian.

De todos modos, exactamente igual que pasa con la novela, si Lolita de Kubrick es una gran película no es por su capacidad de sugerir sin mostrar, por esa deficinción pacata y simplista de erotismo. En mi opinión Lolita no es una novela ni una película erótica por mucho que la pederastia y el incesto sean prácticas básicamente sexuales.

Exactamente igual que en el caso de la novela, la película es una gran película por la capacidad de representar, decía, el ferocísismo humanismo de Humbert Humbert.

La clave está, sin lugar a dudas en los modos que ambos han utilizado para representar esa psicologismo.
Nabokov inicia Lolita (más allá del magnífico prólogo) con un Humbert derrotado dirigiéndose a un jurado del que no se ofrece ni el más mínimo detalle. Humbert narra la historia y sólo al final, en el desenlace de la trama el lector entiende que Humbert asesina a sangre fría a Quilty. Durante la narración el profesor flirtea con el lector, intenta justificar, dentro de lo posible, los acontecimeintos que está detalladamente desgranando.

Kubrick resuelve la representación de esa voz narrativa y narradora de dos maneras, en primer lugar cominenza por el desenlace: Humbert disparando contra Quilty a través de un retrato de mujer (¿Lolita?).
En segundo lugar y después de un “Cuatro años antes” encadena una serie de flash-backs enlazados por fundidos en negro e hilvanados por una voz en off que a todas todas es la voz interior de Humbert.
El conjunto da a la película un tono confesional que cuadra perfectísimamente con la voz narradora de Nabokov.

Sigamos.

La película empieza (en tanto van apareciendo los créditos) con unas estupendas imágenes que me atrevo a calificar como divinamente alegóricas. Entra por el margen superior derecho el pie desnudo de Lolita, por el margen izquierdo una mano. El pie tiene algodones entre los dedos. La mano de Humbert le pinta las uñas. Por unos segundos esas imágenes son un calco de la Creación de Adán de Miquel Angel: un auténtico “Ecce homo”. No me lo puedo creer.

Bueno. Pasada la emoción de relacionar la Capilla Sixtina a una obra maldita por pornográfica (sic) un coche familiar, una ranchera, se abre paso por una carretera local en un paisaje en el que la protagonista principal es la niebla, la música acompaña, Humbert entra en una mansión vacía y aparentemente abandonada en medio de ninguna parte. Los muebles cubiertos con sábanas blancas… la música… mmm… Hitchcock? A ver… 1955… ¿Cuál fue la última película de Hichcock en 1962? “Psicosis” en 1960. E voilà. Ahhh y James Mason, 1959, “Con la muerte en los talones”, un actor que ha trabajado con Hitchcok…

Kubrick representa el psicologismo dostoiewskiano de Humbert Humbert mediante algunas de las técnicas narrativas ya presentes en el cine de Hitchcock, uso claramente descriptivo de la luz (oposición luz-sombras bien-mal), subjetivismo narrativo casi absoluto, personajes envueltos en extremas intrigas personales y/o sentimentales, una notoria tendencia a moverse en la geografía de la ilegalidad…

Tanto la novela como la película son, a mi parecer, grandes grandes trabajos pero al ser la novela anterior es evidente que la película aporta una perspectiva diferente.

En la novela conocemos el origen de las tendencias psicológicas de Humbert Humbert, las influencias paternas, Anabel… en la película nada de esto tiene lugar, el espectador se encuentra directamente ante un profesor que aprovecha las circunstancias para acercarse a y apoderarse de la doceañera. En el texto Humbert intenta una defensa ante el lector, en el film Humbert es culpable sin derecho a defensa. Nabokov ha publicado en Francia, Kubrik en Estados Unidos.

Nabokov que además de relatar la historia de la particular pareja pretende dibujar sus Estados Unidos (el de los moteles de carretera) divide la novela en dos bloques.
El primero hasta que Lolita cae ante las artimañas de Humbert (clímax de la novela).
La segunda, pasado el clímax, recorriendo el país por inacabables carreteras alojándose en sórdidos e impersonales moteles.

Kubrik no se puede permitir tantos metros. Reduce la historia a la primera parte ignorando casi por completo la segunda. Sin embargo y sobre todo en las escenas en que aparecen personajes secundarios, Kubrick dibuja, caricaturiza, retrata e inmortaliza una muestra de la sociedad americana de los 50 que no tiene desperdicio. Cínica, hipócrita, mojigata y en algunos momentos increíble.

Excepción a los personajes secundarios es ese, en la película, enorme Clare Quilty que interpreta un Peter Sellers que se sale en cada uno de los segundos que aparece en pantalla.
Absolutamente genial la surrealista partida de ping pong (inexistente en el libro) que improvisa en la mansión poco antes de ser asesinado por Humbert. Vale la pena ver la película por muchas y variadas razones pero esta partida de ping pong es algo único. El espectador se queda tan atónito como el mismo Humbert. Genial.

Sue Lyon hace lo que puede y puede mucho, sin embargo, los kubrickianos no dejan de preguntarse que no hubiese plasmado el maestro si hubiese podido trabajar con una actriz aún más joven y sin tener encima la democliana espada de la Legión Católica Americana.

Ni que decir tiene que James MAson borda a Humbert Humbert en una interpretación que se convirtió en la cima de su dilatada carrera cinematográfica.

Shelley Winters por su parte, en el papel de Charlotte Haze (la madre de Lo) nos petrifica con una demencial y americanísima relación entre la creencia en el Dios católico y el uso de las armas. Desafortundamente al espectador le viene a la cabeza G. Bush y sus delirios bélicos…

En fi… el inconveniente de los grandes trabajos, y estas Lolitas son enormes, es que jamás se acabaría de comentar línea tras línea, imagen tras imagen.

Ambas Lolitas han acarreado, de hecho acarrean, importantes debates morales, unos más justificados que otros pero todos legítimos.
Ahí queda una de las reflexiones al respecto del propio Humbert:

“A menos que se me pruebe – a mí tal como soy ahora, con mi corazón y mi barba y mi putrefacción- que en el infinito importa un comino que una niña norteamericana llamada Dolores Haze haya sido privada de su niñez por un maniático, a menos que se me pruebe eso (y si tal cosa es posible, la vida es broma), no concibo para tratar mi miseria sino el paliativo melancólico y demasiado local del arte anticuado. Para citar un viejo poeta:

-The moral sense in mortals is the duty
We have to pay on mortal of beauty- ”

Ramiro T.

3 pensamientos en “LOLITA: DE NABOKOV A KUBRICK

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