.Crítica Literaria.


Es frecuente que, al deambular entre los estantes de nuestra librería preferida, nos dejemos seducir por las portadas y títulos de los libros. Entre los muchos libros que nos tienten, no nos será fácil elegir “Viajeros Ingleses”. Y no lo será por dos motivos, porque el escritor Matthew Kneale es un desconocido para el lector peninsular y porque el diseño del libro invita a imaginar el volumen más bien como una colección de biografías de viajeros ingleses antes que como un buen libro de viajes… y, claro, no es lo mismo.

Sí, Kneale es un desconocido en estos parajes, pero “Viajeros ingleses” fue galardonado en 2000 ni más ni menos que con el WhiteBread: el premio al mejor libro en lengua inglesa. No es un premio trivial.

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Con “viajeros ingleses” Kneale embarca al lector en un viaje insólito en compañía de unos pasajeros muy particulares, entre ellos un reverendo inglés que pretende demostrar además de la existencia del Jardín del Edén, que éste se encuentra en las Antípodas, y justo su contrario: un científico positivista que pretende demostrar la superioridad de la raza blanca. No menos particular es el capitán del ballenero en el que viajan y su espacialísima tripulación.

La aventura promete. La inglesa es, junto con la francesa, la tradición literaria más volcada en el relato de la experiencia viajera. Tal vez por eso, en cuanto se nombra que el barco es un ballenero, el lector avezado en estas lides tenderá a recuperar las vicisitudes y tripulación del “Pequod” el viejo ballenero con el que el capitán Ahab recorrió medio mundo tras Moby Dick. En cuanto se nombra “la compañía” el lector tenderá a recuperar los detalles de la “Nelly” y el viaje de a la “Oscuridad de las Tinieblas”.

Sin embargo, “Viajeros ingleses” sigue un rumbo muy distinto trazado por un magnífico entramado de narradores que desde la interioridad de sus primeras personas van descubriendo el entretejido social de la vieja Inglaterra victoriana: su intrahistoria.

Matthew Kneale crea y da voz a “personajes tipo” de todos los estratos significativos de la sociedad británica. Viaje coral en el que hasta el más mínimo susurro debe ser escuchado: sólo con la fusión de todas las perspectivas ofrecidas consigue el lector hacerse una idea de la realidad escondida en “Viajeros Ingleses”.

En un contexto de literaturas lineales en las que el lector apenas debe resbalar y dejarse llevar, en el que la estrategia literaria dominante suele consistir en imprimir un ritmo trepidante y en una vertiginosa experiencia lectora enganchada al “una página más para ver si se salva o no”, se agradece un planteamiento diferente.

Kneale es un autor, hay que reconocerlo, inteligente. “Viajeros ingleses” es un enjambre de voces y perspectivas en el que el lector podrá elegir, posicionarse, seguir con mayor o menor atención tal o cual personaje, opinar, acompañar el desenlace de tal o cual situación… y a medida que va avanzando en la lectura irán apareciendo datos que continuamente resignificarán todo lo leído con anterioridad.

Una novela de relatos que exige del lector una cierta participación pero cuya estructura es apta para todos los hábitos lectores, desde las breves lecturas intermitentes del metro hasta las bucólicas largas y pluviosas tardes invernales.

En español fue traducido ya en 2001 y puesto en las librerías por una buena editorial, en una colección de confianza: “Narrativas Históricas” de Edhasa. La novela no ha tenido la repercusión que tal vez merezca, pero siempre es una garantía ser introducido por un sello de prestigio.

Sea como sea, además de un gran trabajo, “Viajeros ingleses” es una magnífica experiencia en al que vale la pena embarcarse. Recomendado.

Ramiro Tomé
Info (arroba) arquera.com
Pielago.com
Portal de blogs para escritores y narradores de viajes.

En febrero de 2008 Ediciones Blur S.L pone en librerías especializadas un magnífico trabajo a cuatro manos entre el escritor Enrique Mochales y el ilustrador Oriol Malet.

“La improbable vida de Bernard Lafourcade y otros relatos” siendo la culminación de una idea sencilla y estimulante, es una rara avis en el panorama editorial español por lo general poco dado a proyectos innovadores.
Se trata de un libro de “cuento corto con ilustración” en el que el vasco Enrique Mochales aporta los textos y el catalán Oriol Malet las ilustraciones.

Clasificados en cuatro bloques de improbabilidad (realidad, amor, muerte y vida), Mochales ordena una cincuentena de textos acotables entre el cuento corto (muy corto) y el microrelato. Una destilada selección de situaciones y desenlaces que probablemente sorprenderan al lector por su eclecticismo narrativo: aunque domina el pretérito imperfecto tradicional, cada relato reniega del patrón y se erige como único y claro aspirante a ser el texto más destacadao y dar, por ello, nombre al conjunto.

El lector que suba “Bernard Laforucade” al tren para ir al trabajo, leerá apenas una serie de textos ágiles, ingeniosos, frescos y muchas veces sorprendentes.

Al lector que se lo tome con más calma, se le harán presentes situaciones kafkianas, en algunos momentos pensará en Borges, en otros recordará Eduardo Galeano, y en otros le vendrán ganas de releer Enrique Vila-Matas. Sin duda.

Valga, como muestra, un botón: “El brazo derecho de Anselmo”

"A veces encuentro a Anselmo en un mugriento café de los alrededores apurando el último trago de una botella de cerveza. Anselmo cuenta de izquierda a derecha los caballos parlantes de un cartel de circo y luego cavila. Nunca le gustó que le llevasen al circo. Prefería el zoológico, o algo parecido. Recuerdo especialmente nuestras apuestas: aquel día Anselmo se arriesgó demasiado, no fue lo suficientemente rápido. Ahora siempre dice que volvería a meter la mano en la jaula. Y cuando bebe no le hacen falta los dos brazos. Lo que apostásemos no tiene importancia: el ganador fue él."

Pero concebir “La improbable vida de Bernard Lafourcade y otros relatos” tan sólo como un libro de relatos, es concebir tan sólo la mitad de lo que realmente es. Las ilustraciones de Oriol Malet no sólo complementan a la perfección los relatos sino que se diría que, en muchos casos, son la natural clave interpretativa de los mismos.

Podríamos haber encontrado los textos editados en un libro de relatos “convencional”: son absolutamente autónomos.
Del mismo modo, las ilustraciones podrían formar parte de un trabajo independiente.
Sin embargo, el acierto de
“La improbable vida de Bernard Lafourcade y otros relatos” está justamente ahí: en la fusión de ambos talentos en un solo libro que bien podría ser obra de un único autor: por supuesto, del francés nacionalizado inglés Bernard Laforucade.

Búsquenlo. Léanlo. Contémplenlo.

Ramiro Tomé
info(arroba)arquera.com

Desde Marco Polo han prodigado en nuestras literaturas grandes relatos sobre el viaje del occidental a Oriente en busca de fortuna. Las grandes rutas comerciales de la seda y las especias funcionaron desde sus inicios como vías de intercambio culturales entre la vieja Europa y lo que para los occidentales era el exótico y lejano Oriente.

Dentro de esta literatura que daba fe de los grandes viajeros en busca de productos, en 1996 el italiano Alesandro Baricco sentó cátedra en este tipo de textos con “Seda”, un breve y delicadísimo relato sobre el primer comerciante europeo que se adentró en Japón en busca de los preciados gusanos de la seda.

En 2003, siguiendo los pasos de Baricco, el francés Fermine Maxence se atrevió con “Opio”, un relato con pretensiones que nos acercaba las vicisitudes del primer importador de té blanco: el té más preciado por el consumidor británico del siglo XIX.

Tras la seda y el té, en el 2004 llegó el turno del café en forma de novela polifónica, pseudo relato de viajes y semi espiritual: “Los siete aromas del mundo”.

Novela polifónica porque Alfred Bosch concatena siete relatos en los que siete narradores diferentes aportan sus diferentes perspectivas sobre el Félix Dufoy que cada uno de ellos ha conocido o tenido noticia en algún momento de su vida.
Félix Dufoy, personaje al que el lector nunca conocerá de primera mano, es el nexo de unión de los siete relatos: él y su incesante búsqueda, por medio mundo, de las mejores semillas de café posibles a mediados del siglo XVII.

Novela pseudo relato de viajes porque el lector puede seguir las vivencias de Dufoy efectivamente por medio mundo, desde Londres a Pernambuco (Brasil) pasando por Estambul, Arabia Feliz (Yemen), Abisinia (Etiopía), Nigeria y París. Cierto. Sin embargo el lector no podrá hacerse una buena idea de las regiones porque Bosch las utiliza como marco para las narraciones pero siempre superficialmente, sin bajar a la descripción de las geografías, ni de las costumbres, ni de las diferencias respecto su tierra natal…

Un lector que no tenga una ligera imagen previa de cada uno de los siete escenarios geográficos finiquitará la lectura sin distinguir demasiado entre Arabia Feliz, por ejemplo, y Pernambuco.

Novela semi espiritual porque retrospectivamente podría deducirse que el viaje por los siete confines ha significado para el misterioso y particular Dufoy un camino de superación, expiación o purificación personal.

En “Los siete aromas del mundo” cada aroma está asociado a una geografía, a un narrador vinculado a esa geografía, y, magnífica atención de Bosch, a un tipo de relato asociado a esa geografía que más o menos discretamente inserta en el discurso de cada uno de los narradores.

Viajes, viajeros, personajes, paisajes exóticos… de todo hay en “Los sietes aromas del mundo” excepto justamente eso: “aromas”. Si bien Bosch acumula intriga sobre el hecho que el personaje Dufoy, incansable buscador del café más puro, jamás lo haya probado pero sea finísimo experto en su aroma, no aparecen en el texto descripciones que hagan honor al nombre tal como sí las encontramos por ejemplo en el ya clásico “El Perfume” del alemán Patrick Süskind.

Siete relatos perfectamente entrelazados alimentando una intriga muy acertadamente resuelta tan sólo en el último capítulo, fragmentos lúcidos, oportunas referencias culturales y geográficas y, sobre todo, una lectura rápida y amena, sin episodios oscuros o páginas de relleno. Una buena lectura para disfrutar relajadamente junto a una magnífica taza de café y recorrer el mundo sin moverse de casa.

Ramiro Tomé
info@arquera.com

Sembla que l’edició bona era la castellana ja que bé co-firmada pel mateix Atxaga.

Un dels personatges, el fill de l’acordionista, escriu un llibre: el mateix “Fill de l’acordionista”

Aquest noi, en Joseba, narra la mort de l’amic David i l’esdeveniment “dispara” la memòria cap a la joventut comuna.

Primer una adolescència rural y segon una militància activa a una banda armada: tot i que no ho explicita, clarament la banda terrorista ETA.

Així, un llibre escrit per un dels personatges del mateix llibre.

Aquest recurs ja el coneixem en la novel?la contemporània espanyola i catalana. Potser el cas més adient sigui, com no, “Soldados de Salamina” de Javier Cercas. (podeu veure la crítica al llibre i a la posterior pel?lícula de Trueba a la secció “Otros Textos”)

L’estructura narrativa, diguem-la així, tampoc és una novetat a ala nostra literatura recent, ara bé, sens dubte Atxaga es mou molt bé en aquests espais tècnics.

Tot “El fill de l’acordionista” és un entramat de dues temporalitats: l’actualitat i el passat: la joventut dels protagonistes del text.

Totes dues temporalitats s’entrecreuen constantment i intermitent, mantenint una tensió constant sobre la lectura que dur al lector a llegir i llegir i llegir per saber on conflueixen ambdues temporalitats, ambdues històries: el llibre.

Aquesta cadena, aquest barrejar els dos temps i pràcticament els mateixos personatges és una tècnica que explota magníficament a més del ja esmentat Cercas, el “planetari” Ruiz Zafón a “L’ombra del vent”.

Està clar que la història recent d’Espanya, entengui’s des de la Guerra Civil fins l’actualitat, és una temàtica que no tan sols no passa de moda (sempre parlant en termes literaris), sinó que està a la picota.

Em ve al cap el que probablement sigui la primera o una de les primeres novel?les catalanes en recuperar la memòria recent o en entrellaçar els personatges amb autèntica mestria: absolutament recomanat: “Si te dicen que caí” de Juan Marsé.

Però continuem amb “El Fill de l’acordionista”. Que Bernardo Atxaga és un “addicte” a l’euskera és un tema conegut. Ara bé, “El fill de l’acordionista” aquesta defensa poètica de l’euskera cau, per suposat sempre segons el meu parer, una mica ferrugosa, excessivament explícita i repetitiva.

En alguns paràgrafs hom té la sensació que Atxaga volia introduir, o millor dit falcar, a al seva novel?la la seva postura lingüística i que s’ha obligat a treure el tema cada x línies.

D’acord, pot ser ara faig un gra massa, el cas és que em sembla interessant remarcar aquest excés de, si em permeteu, patriotisme lingüístic.

Val a dir que Atxaga escriu, afortunadament, en euskera i que realment “El Fill de l’acordionista” en la seva versió original ha de ser una exquisitessa plena de matisos que en català (al menys en català) segur que s’han perdut per la traducció.

I és clar. El tema. Suposo que tot i ser una ficció literària, no ha esta gens fàcil per Atxaga tractar el tema del terrorisme. Sens dubte la tremenda sensibilitat que des del 11 de setembre i el 11 de març es manifesta a la societat espanyola al respecte, en el millor dels casos fa que es tracti d’un tema a tractar amb molta molta cura.

Atxaga, directe i frontal, explica la seva història des de la veu narrativa d’un terrorista “penedit”. Per molt que Atxaga humanitzi aquesta perspectiva (tot i que en cap moment la justifica d’una manera oberta), el lector va adonant-se, línia a línia del que la identificació amb la veu narrativa, per altra banda inevitable, el converteix (al lector) temporal i virtualment en el mateix personatge, és a dir que el lector es pot descobrir en la pell d’un terrorista que al final del llibre ja ha purgat els seus crims però que durant una bona part no ha deixat de ser un militant actiu.

Atxaga ja ens havia mostrat aquesta perspectiva a “El hombre solo”, és a dir, terreny sensible en el que Atxaga sap com moure’s.

La fórmula és òptima, una temàtica sempre ben acollida a Espanya, una tècnica que basteix correctíssimament un bon ritme i assegura les dosis mínimes de suspens que enganxa al lector.

Tot plegat conflueix en una novel?la de bon llegir amb el típic saber fer d’Atxaga però que, potser, no compleix del tot amb les expectatives generades per la llunyana Obaba…

Ramiro Tomé
info (arroba) arquera.com

Fuente: Pielago.com

Enric Sòria i Parra és un autor valencià nascut al 1958. No és massa conegut: el seu nom no sona massa als cafés literàris però allà on se’l coneix sembla ser que se’l reconeix, se’l valora i se’l respecta.

A mi em va picar la curiositat de buscar-lo i llegir-lo perquè En Javier Cercas li dedica un breu articlet a “Relatos Reales”. Tinc molt bon concepte dels pocs autors valencians que conec (especialment de’n Piera) i no em vaig poder estar.

Abans però vaig investigar una mica… Està clar que Sòria no és, ni moltíssim menys, un autor dels de llibre per any . Tot just un parell de llibres de poemes (”Mirall de miratges -1992- i “Varia et memorabilia” -1984-) i un plec de treballs , traduccions, estudis…

“Mentre parlem” és una col·lecció de fragments que composen un dietari. Ja sabem que tret d’excepcions els dietaris no acostumen a ser betsellers. No estan en la línia, no estan encarats al -diguem-ho així- el “gran lector” sinò que més aviat acostumen a cercar al “lector de a prop”, volen una lectura més intimista no apte pel metro, un lector que llegeixi quatre línies, tanqui el llibre i degusti les paraules, els sons, els significats…

“Mentre parlem” tot i que s’acosta molt a aquesta mena de dietaris, personal i íntim, també és una molt particular finestra a l’època representada: també és d’alguna manera, un document social. És clar… no podem fer general d’un particular i menys d’un com aquest però de cap manera pot deixar de ser un reflex, un ressó, fins i tot no pot deixar de ser una part d’aquella època…

Cal remarcar, a més a més, un magnífic pròleg. Un PRÒLEG en maiúscules pel que cal passar amb un llàpis a la ma per poder pendre nota d’alguns quants punts…

a. “La literatura, per existir, demana al seu destinatari una bona disposició d’entrada, un ànim propici cap a les belles inutilitats, com la conversa lenta o la jardineria”.

b. (referint-se als dietaris coma gènere) “…aquella literatura on sembla confluir en el mateix jo qui diu i de qui és dit”.

c. “NO ignore que el dietari, com a gènere, té també les seues convencions (…) Entre els llbres catalans més o menys recents que he lelgit amb més gust i profit hi ha, per exemple, “bosc Endins”, de Valentí Puig, el “Dietari” de Gimferrer i el brevíssim “Ofici de Setmana Santa” de Rubert de Ventós, que demostra, si calia, que el gènere no està barallat amb la reflexió diguem-ne acadèmica, ni l’apunt amb la profunditat”

d. “Per a un escriptor, al capdavall, el moment de major intimitat és el de la’escriptura”

Què pensarà Sòria sobre l’”Escribir” de Margarite Duràs?

Bé. No puc reproduir les entrades al dietari que més m’agraden (alguns texto realment enormes) perquè són massa llargues per a una publicació d’aquestes característiques, però no puc estar-me de transcriure un parell…

12-IV-84
“L’horror que produïen a Nietzsche els periodistes (tan justificat) avui només el mereixen els polítics encarregats de l’apartat “Cultura”. Comparat amb això el periodisme és fins i tot innocu. brossa de riu”.

I per acabar, la que també és la darrera entrada de “Mentre parlem”:

10-II-85
“Que otros se jacten de las pàginas que han escrito.
A mi me enorgullecen las que he leído”.

Senyors. Cal llegir-lo

Enric Sòria, Mentre Parlem. Edicions 62, Barcelona 1991.
Premi Joanot Martorell 1990

Ramiro Tomé
info (arroba) arquera.com

Fuente: Pielago.com

Primeras líneas: un anciano oriental huyendo de un país en llamas con una nieta de apenas unas semanas como único motivo para partir, en un barco de refugiados, hacia un futuro incierto lejos de su tierra natal.

Con tal panorama, el lector se encuentra de entrada con un descenso a los infiernos, con una experiencia de radical soledad, con una novela que justamente parte de un final, de una pérdida.

En una mano Una maleta con un puñado de tierra, en la otra un bebé: pasado y futuro representados en un momento de crisis, en una rotura, en una partida hacia ninguna parte, en una huida hacia adelante.

Al cabo de 6 semanas el barco por fin atraca en el puerto gris de una ciudad desconocida en un país desconocido. Los refugiados son hacinados en pabellones de acogida a la espera de que el gobierno gestione su situación. Días idénticos entre sí. Paciencia. Espera. Incertidumbre.

“La nieta del Señor Lihn” narra las peripecias de un abuelo superviviente en un entorno hostil, en un país cuya lengua no entiende y cuyos hábitos le son ajenos e incomprensibles.

Con esta historia anónima y delicada, Philippe Claudel reclama la atención del lector hacia las consecuencias particulares de los movimientos migratorios generados por conflictos bélicos de todo tipo.

Cuando una persona es arrancada de su entorno y resituada en una nueva realidad, la creación de las rutinas más insignificantes se redimensiona y se convierte en un poderoso mecanismo de defensa que sostienen la identidad de las personas.

Cada día el mismo pequeño paseo, a la misma hora, cada día rezándole a la nieta cuentos e historias que los anclan a la tradición a la que pertenecen por nacimiento y que les confiere sentido en un entorno incomprensible al que ya comienzan a pertenecer por forzoso exilio.

A pesar de la crudeza de la historia, Claudel propone un texto equlibrado, sin aspavientos ni salidas de tono. Un narrador omnisciente claramente alineado con el anciano describe desde una falsa distancia objectiva el día a día del personaje.

Su lenguaje sencillo permite al lector interpretar rápidamente el perfil psicológico de cada uno de los (pocos) personajes que entran en liza en la novela, al tiempo que posiblemente se deje enredar por la trampa que Claudel teje desde la primera línea del libro.

Hay que leer “la nieta del señor Lihn” bien atento a los detalles, bien atento a todo lo que nos llame la atención por ligeramente extraño. Las últimas páginas del texto acogen la clave interpretativa del entramado y sólo a su final la historia se cierra y toma su verdadero sentido.

Una buena novela, rápida y agradable de leer, bien resuelta y que invita a la reflexión.

Apta para todos los públicos.

CLAUDEL, PHILIPPE
LA NIETA DEL SEÑOR LINH
SALAMANDRA | 126 pág.
10,30 euros.

Viatge a l’Àfrica del segle XV

De tant en tant passa. De tant en tant ens cau a les mans un llibre totalment imprevist d’un autor que no ens sona absolutament de res, i la seva història ens captiva i ens arrossega a devorar-la en “quatre dies”.

És el cas de “En busca del Unicornio” de Juan Eslava Galán, un autor sembla que totalment consolidat, sembla que especialment prolífer però, paradoxalment no massa habitual als prestatges dels aparadors de les nostres llibreries. No el coneixem massa però compta al seu currículum dues fites tan mediàtiques com el Planeta del 87 i el Fernando Lara del 98.

“En busca del Unicornio” és la història d’un capità al servei del rei Enric IV de Castella (1424-1474) que rep la missió de viatjar més enllà del “país dels àrabs” a la cerca d’una banya d’unicorn que ha de retornar-li al monarca la virilitat perduda.

Un escamot de ballesters, un capellà, un servent i una donzella verge, necessària per dominar el ferotge unicorn, formen l’expedició que parteix cap a Marroc destí al cor de l’Àfrica negra.

Estem, davant de tot, d’una narració retrospectiva: la veu, sovint distant i ressentida, és la del propi capità Juan de Olid, el personatge principal, un cop sa i estalvi (no arribem a saber on).

Saber això ens permet una lectura una mica més laxa que ens facilitarà entrar en el seu humor sovint trist i miserable.

Les primeres pàgines es llegeixen amb una certa alegria, amb una simpàtica sorpresa, amb ganes. És la part de la presentació dels personatges i sobretot de l’ambientació al segle XV que dóna sentit a tot el relat.

Ara bé, que ningú no s’enganyi: com a història situada al XV, a un lector del XXI li semblarà, probablement, una història castellano-cèntrica, ultra-catòlica, ignorant, masclista, xenòfoba i portadora de tots i cadascun dels clixés i tics culturals que s’han anat transmetent dècada a dècada i segle a segle fins arribar, malauradament, a algunes de les nostres noves generacions.

La comicitat del xoc entre els pensaments privats i els comportaments del capità Olid, els intents per gestionar i assimilar, des d’una mentalitat més aviat pobra i empobridora, les espectaculars aventures i descobertes que li vénen al pas són la columna vertebral de la novel·la, el motiu pel qual el lector, probablement, arribarà al final del text i tancarà la darrera de les 250 pàgines.

Perquè “En busca del unicornio”, a més d’una novel·la, és una novel·la de viatges i potser per això durant bona part del cos central del text la lectura es fa una mica feixuga.

Eslava encerta l’ambientació, encerta en el tractament psicològic que ens permet del capità, encerta amb el fortíssim contrast entre cultures i comportaments socials però es queda curt en les descripcions africanes i cau en l’excessiva repetició d’estructures que provoquen una caiguda del ritme i fins i tot una certa monotonia al bell mig d’un reguitzell de desventures.

Afortunadament, al sortir del cor del continent la narració sembla redreçar-se i recuperar part de l’interès que encara es recorda de la primera part del llibre.

Quan el personatge arriba a la costa, Eslava s’allibera de les repeticions i el relat, es refà sobre l’expectativa que genera la possible arribada a Castella, és a dir, per la morbositat de llegir el nou xoc entre el somni d’arribada imaginat per Olid i la realitat imaginada pel lector.

Tot plegat un relat d’aventures amb certes reminiscències del Quixot i fins i tot de la literatura picaresca. Una història ben trobada amb estratègies de bestseller que s’ha quedat a mig camí però que no per això deixa de ser una bona lectura per llegir relaxadament un dissabte a la tarda i fer-se, fins i tot, unes rises.

LA FITXA:
Autor: Eslava Galan, Juan
Títol: En busca del Unicornio
Editorial: Planeta
Pàgines: 250
Preu : 14,42 euros.

Ramiro Tomé
info (arroba) arquera.com

Font: capgros.com

Algunos críticos sitúan a Matilde Asensi como la Reverte femenina (Qué leer, septiembre de 2004), como la gran revelación que ha de alimentar de nuestras lecturas en los próximos años… como la nueva gallina de oro editorial…

En fin. De lo que no cabe duda es que aunque no sea (todavía) una celebridad entre nuestras estrellas literarias (aunque sin lugar a dudas está en ello), es cierto que esta periodista alicantina ya tiene una cierta escuela.
“El origen perdido” (sept. 2003) es su cuarta novela tras “El salón de ámbar” (1999), “Iacobus” (2000) y “El último catón” (2001), esta última con la friolera de 29 ediciones ….
Parece ser además que su índice de ventas (¿y consecuentemente de lectores?) progresa algo más que “adecuadamente”. y claro, como casi no podía ser de otro modo, detrás de tan fulgurante éxito la omnipresente Editorial PLaneta.

“El origen perdido” es una novela de aventuras ceñida a género llena de lugares comunes en los que el único aliciente que le falta son la muerte de algún personaje más o menos importante, alguna persecución a lo bestia o ¿por qué no? ya puestos alguna que otra escena de sexo…

Arnau Queralt, treinta y pocos, informático “de éxito”, propietario de una importante empresa de software se sumerge en el estudio de una cultura precolombina en busca de un remedio que sane a su hermano, un antropólogo de corte gris y académico. En su aventura le acompañan dos de sus empleados que además son sus únicos amigos, Proxi i Jabba.

El estudio de la cultura aymara les obliga a viajar a la selva boliviana y a adentrarse en el “Infierno verde”… la aventura a lo Indiana Jones está prácticamente servida, ataviados a lo Coronel Tapioca se aventuran nuestros urbanitas en la selva constantemente amenazados por exóticos animales (hormigas soldado y tábanos) hasta que (por ejemplo) de buenas a primeras se descubren rodeados por…

Quizá se convierta en un bestseller pero la cadencia del “librito” es tremendamente plana, los personajes son flojos, ramplones, carecen de profundidad psicológica, puros clichés.
El tiempo es mortalmente lineal, siempre hacia adelante siempre hacia adelante con un plomizo pretérito imperfecto amo y señor de 558 pàginas de novela. 558.
Las descripciones son discretas, algo evocadoras, cierto, pero posiblemente gracias más a nuestro bagaje visual que a su habilidad narradora…

En algunos ángulos de la trama uno casi se espera un par de aquellas opciones a lo Timun Mas (Elige tu propia aventura) … “si quieres que … salte a la página xx, en caso contrario continue…”

En algunos otros, sin embargo, estan a punto de aparecer “Los cinco” aquellos personajes de literatura juvenil que cuando yo era un “juvenil” ya comenzaban a estar algo pasados de moda…

Sin embargo y muy a pesar de todo, “El Origen Perdido” es uno de esos libros que enseñan la zanahoria, quiero decir que constantemente mantienen un mínima incógnita… y claro, Asensi pone la zanahoria y nosotros el borrico.
Se leen las primeras páginas, se entra en la dinámica y aún y sabiendo que el libro no mata de alegría, que probablemente no se lo vamos a recomendar a nadie y que hasta vamos a decir cuatro cosillas sobre lo aburridote que es… ahí estamos devorando página tras página hasta devorar las 500 pàginas en apenas un par de noches…

Y acaba.

Buscando por la red, un detalle interesantísimo: José Ferrandiz Lozano nos explica que Matilde Asensi no ha viajado en su vida a Bolivia. Que como Julio Verne (todos a una: alaaaaaaaa!!!!) viajaba por todo el planeta sin salir de su despacho… vaya, que todo lo que sabe sobre la selva y sobre el tema de “El origen desconocido” parece haberlo tomado de Internet, de las bibliotecas… Este dato debería aparecer en la contraportada. AL menos daría para un debate más que interesante… exceptuando a los grandes genios de la literatura…
¿es la vivencia de grandes experiencias condición sine qua non para escribir grandes textos?

Ramiro Tomé
info (arroba) arquera.com

Fuente: Pielago.com

20 històries, 20 contes, 20 llimones impossibles de menjar sense fer ganyotes. Això és el que trobarem en aquest llibret del Sergi Pàmies… I no és poc.

En una època que els autors, condicionats pels compromisos amb les editorials han de publicar obres no prou definides, reguitzells de relats sovint mal triats quan no mal embastats, trobar un llibret de relats mínims com “Si menges una llimona sense fer ganyotes” té el seu mèrit. I el té perquè a cadascun dels 20 relats el Pàmies hi ha posat l’ofici.

20 relats que des del seu format d’article breu de magazine dominical, s’acosten de 20 maneres diferents a un dia qualsevol d’un veí qualsevol… d’un dia nostre qualsevol?

Des d’una primera persona íntima i sincera o des d’una omnisciència de novel·la realista Pàmies va desgranant, conte a conte, un rosari de temes i situacions contemporanis i quotidians, situacions vertiginoses, personatges que coneixen diferents estats d’ànim o que no es coneixen a si mateixos, confessions davant la mort, silencis, reflexions després la mort, infidelitats, solituds, frustracions, petites dosis de surrealisme i fins i tot algun flirteig amb l’absurd.

“Si menges una llimona sense fer ganyotes” és un llibret d’un parell d’hores, amable amb tota mena de lectors i fins i tot atent amb els lectors més exigents. Un magnífic exemple de literatura en minúscules (si això és possible) perfectament digna i correctíssimament escrita.

No ens canviarà la vida, però ens sacsejarà i ens refrescarà una mica: com quan mosseguem una llimona.

Ramiro Tomé info (arroba) arquera.com

Fitxa del llibre
Títol: Si menges una llimona sense fer ganyotes
Autor: Sergi Pàmies
Editorial: Quaderns de Crema
Pàg.: 143
Preu : 10,00 euros.

Hace ya bastantes años que Paul Auster es un incondicional de los escaparates literarios internacionales, es uno de esos autores que nos tienen acostumbrados a, año sí año no, presentarse con un nuevo bestseller que de inmediato hace historia y se convierte en un “clásico”. Para algunos incluso es un autor de culto, una especie de gurú que convierte en oro todo lo que escribe.

Auster fue galardonado ni más ni menos que con el Príncipe de Asturias en el 2006 y en 2007 ya volvió a sorprender, en esta ocasión con matices, con “Viajes por el scriptorium”.

Un anciano desvalido y amnésico está encerrado en una habitación que como único mobiliario dispone de un camastro, una silla de oficina y un escritorio con unas cuantas fotos y un par de dossieres escritos a máquina. Entre las fotos, la lectura de los dossieres y las extrañas visitas que recibe a lo largo de la jornada trata de reconstruir su identidad y su pasado para, al menos, comprender su presente.

“Viajes por el scriptorium” es sin duda un buen título comercial pero que de ningún modo hace justicia al texto.
Probablemente Auster eligió semejante título para sugerir que los textos y las fotos sobre el escritorio suponían un viaje por la identidad del personaje, pero nada hay en la novela que la acerque al género de viajes.
Por otra parte, la palabra “scriptorium” remite a un mueble tardo medieval cuando en el contexto de la novela, refiere apenas a una mesa en algo parecido a una habitación de hospital. El motivo para utilizar un latinismo con connotaciones cultas y reminiscencias medievales no queda nada claro y en ningún caso justificado.

El recurso borgiano de escribir un libro que de alguna manera ya se contiene a sí mismo ha perdido para el lector contemporáneo buena parte de su efectismo. Se trata de un recurso harto explotado entre los más populares de los escritores de la actual generación. Bastará recordar “La sombra del viento” para tener un buen ejemplo de ello.

El escritor Jorge Carrión solía repetir en sus cursos de “Lectura y escritura creativa” que un cuento debía incorporar al menos dos historias, una primera evidente a la lectura superficial y una segunda más o menos oculta que se podía reconstruir en el desenlace del cuento a partir de las diferentes pistas sugeridas en la primera.
En “Viajes por el scriptorium” prácticamente cada línea del texto remite a una historia oculta para el lector que consciente de la extrañeza avanza su lectura con la esperanza de, en el desenlace, cerrar el círculo de la comprensión de la historia. Sin embargo el desenlace del texto no cubre las expectativas alimentadas desde la primera página. El texto y la historia concluyen pero lo que al final de la lectura se comprende es parcial y se tiene la certeza de comprender tan sólo la parte de un todo mayor que resulta inaccesible. Al no tener la referencia de ese todo, de esa historia oculta a la que el texto remite una y otra vez, por avispado que sea el lector, la lectura de “Viajes por el scriptorium” siempre provocará una cierta decepción especialmente si el lector no es devoto de Auster y no conoce la posible relación de los personajes de “Viajes por el scriptorium” con otras obras del escritor.

En definitiva una novela quizá obligatoria para los austerianos pero tal vez un tanto decepcionante para el resto de lectores.

Ramiro Tomé
info(arroba)arquera.com

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